Realmente éste post lo he hecho para darle las gracias a Chimay, un valiente muchacho de 14 años. Él es un verdadero héroe para mí y para todo el mundo. Me gustaría narrar la historia en primera persona, exactamente de la manera que él me lo explicó, así podréis entender porqué me emocionó su historia.

” Soy Chimay, soy de Langtang y tengo 14 años. Tengo un hermano menor Lhakpa y mis padres, Sangey y Karmu. En realidad me he criado con mis abuelos, aunque mis padres siempre han estado cerca y me han ayudado. Como todos en Nepal y especialmente las personas en Langtang, tengo una historia que contar acerca de cómo conseguí sobrevivir al terremoto seguido de la gran avalancha el 25 de abril.

Al igual que muchos estudiantes de Langtang que estudiamos fuera, solemos pasar nuestras vacaciones en el pueblo, ayudando a nuestros padres en el campo o con la Guest House. El día antes del terremoto hubo una gran ceremonia Ghyawa (ceremonia del día 49) de un hombre mayor que había fallecido en el pequeño pueblo vecino llamado Gumpa. Esa noche bailamos y disfrutamos nuestro último día antes de tener que volver a la escuela en Dunche.

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Al día siguiente, mis padres y mi hermano menor se dirigieron a Kyanjin Gumpa(un pueblo a 2 horas de Langtang valle arriba) y yo decidí quedarme con mis abuelos. Como nos acostamos tarde, me desperté alrededor de las 10 de la mañana. Le dije a mi abuela que estaría de vuelta para la hora de comer y me fuí a casa de mis tíos Tsering Dorjee y Pasang Dhindu, que estaba muy cerca. Allí estábamos 6 personas tomando té alrededor del fuego. Había 2 turistas.

De repente la tierra comenzó a temblar y los turistas salieron corriendo. Yo estaba atontado, pero cogí a la pequeña Lhamen y nos metimos debajo de la cama. Mis tíos seguían alrededor del fuego, como paralizados. En cuestión de minutos, cuando aún el suelo seguía temblando, oímos un terrible ruido. Yo pensé que era el fin del mundo.

Desde debajo de la cama ví como todo comenzó a volar por el aire. De repente estábamos cubiertos por nieve y rocas. La casa ya no estaba allí. Cuando el ruido cesó me levanté junto con Lhamen a ver qué había ocurrido. Miré a mi alrededor y no había nada. Todo el pueblo había desaparecido. Yo estaba bien físicamente y la niña tampoco estaba herida. No sabía qué hacer ni cómo reaccionar así que recé a Dios por un tiempo, ya que era algo que había aprendido de mi abuelo, que era un conocido Lama del pueblo y también era mi maestro.

Estábamos empapados y hacía mucho frío. Froté las manos de Lhamen y le di mi chaqueta.

Entonces me acerqué mis dos tíos. Ellos estaban gravemente heridos y no se podían mover. Ambos tenían las manos rotas  y Tsering Dorjee estaba herido en las costillas también. Les dije que aguantaran allí y corrí a buscar ayuda a casa de mis abuelos. Pero la casa de mis abuelos tampoco estaba allí. Por el camino ví muchos cadáveres de los  demás habitantes del pueblo.

Solo el sótano de una de las casas parecía estar bien. Miré a mi alrededor buscando a mis abuelos entre las rocas. Entonces ví a mi tía que me llamaba pidiéndome agua. Ella vivía con mis abuelos. Estaba cubierta de rocas y nieve. La saqué de entre los escombros y me fuí a buscar agua, pero no conseguía encontrar nada. Por fin encontré una botella de agua y corrí hacia mi tía. Era ya tarde. Ella ya se había ido.

Como no encontraba a mis abuelos corrí de nuevo a casa de mis tíos. Allí estaba la pequeña Lhamen que me ayudó a llevarlos apoyados en nuestros hombros hasta el sótano que había visto antes, pensé que allí estarían a salvo. Realmente yo no sabía lo que estaba haciendo, pero yo me sentía fuerte y no tenía miedo. Busqué de nuevo a mi alrededor y ví  los 2 turistas que estaban con nosotros. También estaban muy mal heridos y decidí llevarlos al sótano con los demás. Después de acomodarlos volví a la aldea y vi a una mujer tumbada en el suelo. Pensé que estaba llorando, luego pensé que estaba muerta, pero al acercarme ví que respiraba. La ayudé y la llevé también al mismo lugar.

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Después encontré a Gyalsang que parecía herido, pero finalmente sólo estaba borracho. Con su ayuda pudimos sacar a otro hombre que estaba atrapado entre las rocas. Era Choempel de 27 años. Les indiqué a los dos hombres donde estaban el resto de supervivientes y yo seguí buscando. Yo corría por todo el pueblo, pero no tenía miedo. Fuí a casa de mi tía Tsering Chokpa (45 años). Allí escuché un ruido. Era su voz, llamaba pidiendo ayuda, pero yo no conseguía ver a nadie. Después de un rato vi su ropa. Ella estaba totalmente cubierto por las rocas y la nieve. La saqué de allí y estaba muy mal, sangraba mucho. Justo a su lado, estaba su hija de 21 años. La moví un poco…, pero ella estaba muerta.

Mientras caminábamos con mi tía hacia el lugar donde estaban los demás, escuchamos otra voz que pedía auxilio. Era Lawar Dawa, un anciano que tenía medio cuerpo atrapado en los escombros. Lo saqué de allí y un poco más adelante también encontramos a Karchung (80 años). Estaba inconsciente, pero después de un minuto conseguimos que despertara y todos juntos fuimos hasta el sótano, donde pasamos esa noche, sin comida ni agua y con mucho frío. Todo el mundo estaban muy asustados y con mucho dolor. Por la noche, alrededor de las 11pm fui a buscar a mi s abuelos de nuevo, pero no conseguí encontrarlos.

Esa noche, alrededor de las 12pm, uno de los turistas que no paraba de sangrar, no aguantó más y murió. Estábamos asustados y tristes, pero no podíamos hacer nada. Al día siguiente acompañé a todos los supervivientes del pueblo a la única casa en Langtang que se encontraba aún en pie, debajo de una cueva.

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Alrededor de las 10 de la mañana mi papá y hermano menor bajaron desde Kyajin Gumpa a buscarnos. Juntos intentamos encontrar a más supervivientes. Finalmente encontramos el cuerpo de nuestra abuela sola. Todos los aldeanos que bajaron desde Kyanjin Gumpa para ayudar en Langtang pasaron la noche con nosotros en la casa de la cueva.

Al tercer día, un equipo de rescate llegó en helicóptero y se llevó a los turistas heridos. Vino de nuevo más tarde y se llevó a algunos heridos del pueblo también.

La montaña no paraba de temblar y las rocas seguían cayendo, era muy peligroso.

Los lugareños y los turistas decidieron esperar en un hospital sin techo que había en una colina cercana a Langtang, porque allí es donde habían aterrizado los helicópteros. Yo subí a Kyanjin con mi padre porque mi madre estaba preocupada por nosotros….

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Al día siguiente volvimos a Langtang a seguir buscando, pero ya solo encontramos cadáveres. No podíamos dejarlos allí sin más…, así que decidimos quemarlos. Fue muy triste y aterrador. Nunca imaginé tener que hacer algo así…

Durante 10 días subíamos y bajábamos muchas veces de Kyanjin a Langtang intentando recuperar cuerpos.

Finalmente todos los aldeanos fuimos evacuados a Katmandú.

Cuando pienso en la pesadilla de Langtang, imagino en poder volver atrás y que nada de esto hubiera ocurrido. Deseo que todo vuelva a su lugar y podamos tener una vida normal otra vez. Pero ya se que eso va a ser muy difícil… Echo de menos a mis abuelos, echo de menos Langtang, y echo de menos a todos”.

Gracias a Chimay hoy hay 9 personas más entre los supervivientes de Langtang.

Ahora Chimay está en el colegio. Gracias a su sponsor puede acabar de estudiar los años que le faltan y puede soñar con un futuro mejor. Mientras su familia sigue en Yellow Gumpa esperando a que pase el Monzón para poder volver a Kyanjin y empezar a reconstruir sus vidas.