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Como cada día, Pasang (5) y Dechen (3) estaban jugando afuera en un campo abierto con los demás niños del pueblo cuando el 25 de abril Nepal comenzó a temblar. Las dos niñas vivían en Kyanjin Gompa, un pueblo a 2 horas más arriba de Langtang. Vivían con su madre Chumzo (29) y su hermanita pequeña Pemba (1). Desafortunadamente su padre Chime (29) fue ese día a Langtang a trabajar el campo, justo cuando todo el pueblo fue arrastrado por la terrible avalancha.

Cuando pregunté a las niñas por lo sucedido me explicaron que estaban muy emocionadas al sentir cómo la tierra se movía. Tomaron el terremoto como un juego y no se movieron del lugar hasta que la tierra paró de moverse.

Su madre dejó a la pequeña Pemba en un terreno abierto y corrió hacia Pasang y Dechen mientras la tierra aún estaba en movimiento. Debido a esto se quebró la columna vertebral y quedó tendida en el suelo, inmovilizada.

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Después de unos minutos un fuerte viento empezó a soplar en Kyanzin. Era el reflejo de la avalancha que estaba teniendo lugar en Langtang. Las casas en Kyanjin comenzaron a caer, los techos se desprendían y piedras y maderas volaban por el cielo…Después el pueblo entero quedó cubierto por la oscura nieve. Pero por suerte, esta vez los niños fueron llevados por un lugareño a un lugar más seguro. Cuando todo se calmó un poco, Chumzo también fue socorrida por otros aldeanos y la llevaron junto a sus hijas. Pero aún faltaba Pemba, que no estaba en el lugar donde ella la dejó. Chumzo comenzó a entrar en pánico, pero no podía hacer nada por encontrar a su hija porque estaba inmóvil. Después de media hora una mujer de la aldea vino finalmente con Pemba en sus brazos. A la niña se la había llevado el viento y la había arrojado al campo. La mujer explica que la oyó llorar y por eso la encontró. Aunque llena de heridas, Pemba estaba ahora a salvo.

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Chumzo, sus tres niñas y otros aldeanos estaban esperando ser rescatados. Pensaban que en el pueblo de Langtang no había ocurrido nada, pero Chumzo enseguida se dió cuenta que algo malo había ocurrido también en Langtang, ya que su marido no venía a socorrerles. Ella sabía que si él hubiera estado bien habría venido como fuera para ayudarlas.

Después de 3 días Chumzo fue rescatada junto a su hija pequeña (que aún necesitaba leche materna), y fue trasladada en helicóptero a Katmandú.  Pasang y Dechen se tuvieron que quedar solas en Kyanjin, pero antes de irse su madre les dijo que tenían que ser muy fuertes y esperar a que ella volviera a buscarlas, y sobretodo no tenían que llorrar o la gente no les darian comida… Las niñas hicieron exactamente lo que su madre les había dicho, no lloraron ni siquiera por un segundo. Siguieron a los aldeanos. Comieron lo que se les dió, durmieron al aire libre donde se les dijo que se quedasen…

Las niñas me explicaron más tarde que echaban de menos a su madre y a su hermana menor. Sabían que si su madre estuviera allí no hubieran tenido que dormir en la calle. Pero tenían la esperanza de que su padre regresaría y todo volvería a ser como antes. Ellas no sabían que su padre había muerto. Incluso cuando una mujer les explicó lo ocurrido ellas no quisieron creerla. Su padre les dijo que salía a sembrar, pero que volvería a la noche…, así que cada noche ellas esperaban su regreso.

LANGTANG, MAY 6 (UNI):- IAF helicopters  pressed into service to rescue earthquake hit people  from Langtang in Nepal on Wednesday. UNI PHOTO-19U 11152335_10204253481962783_1870378010163114811_n

Kyanjin es un lugar muy frío ya que se encuentra a más de 4500m de altitud. Los niños estaban allí, en el frío, sin la alimentación adecuada, sin refugio, con la nieve y el sufrimiento durante más de 3 semanas. Ellos no entendían por qué todos los mayores gritaban aterrorizados. Tampoco llegaban a entender por qué les daban agua embotellada para beber, si era para vender a los turistas. De repente los niños de 4 y 5 años de edad tuvieron que transformarse en adultos. Tuvieron que protegerse a sí mismos sin sus padres, unos a otros. Los mayores cuidaron de los más pequeños…

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Después de 3 semanas las vinieron a buscar y las trajeron a Katmandú. Por fin vieron a su hermana menor y a su madre después de largo tiempo. Ellas estaban realmente felices! Chumzo sentía una mezcla de felicidad y tristeza al mismo tiempo. Estabarota emocionalmente al pensar en la realidad de que sus niños eran semi huérfanos y ella no podría moverse para poder sacarlos adelante. Lo habían perdido todo, su marido, su casa, su vida…

Aún hoy Chumzo no puede moverse y los médicos están estudiando su caso.

Pero es una pequeña felicidad para esta familia el poder estar de nuevo juntos y ver de nuevo a los niños jugando. Ya pueden volver a ser niños otra vez.